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El poeta de cuna en La Casa de Dostoievsky

la casa de dostoievsky

Tengo que introducir esta publicación afirmando que La Casa de Dostoievsky es uno de los mejores libros que he leído en mi vida, aunque admito que no tengo la voz más poderosa para esperar que exponer mi apreciación tenga tal relevancia. Sin embargo, es necesario notarlo; la excelencia de Jorge Edwards como escritor, la destreza con la que cuenta para convertir a un personaje real en una asombrosa personalidad ficticia, sin miedo a mentir, cortar y agregar elementos encima de sucesos, personas y contextos que verdaderamente existieron. Pero, no es sólo la historia de una época particular en Chile, construida hasta el punto de ser una fábula asombrosa bajo el delicado manto de la prosa poética lo que me enamoró de este libro. Más allá de todo lo que pueda ser especialmente relevante, yo me embriagué del espíritu del Poeta.

El Poeta de esta historia puede ser y no ser Enrique Lihn, aunque de hecho lo es, pero desligado de esa premisa, hay un personaje tan frágil y tan rancio, como una perfecta moneda de dos caras, del que es imposible no enamorarse. El Poeta es un indigente por vocación, un borracho y un hombre seguro de su título desde antes de llevarlo; el Poeta es el joven egocéntrico, el hijo descarriado, el hombre de palabra fácil, pero es principalmente un poeta, y de ahí que sea también todo lo demás. Siempre me he fascinado tontamente por los personajes fuertes pero además de eso, mi interés por la autenticidad en la naturaleza humana es más que evidente. Me ocurrió entonces con el Poeta, cuya coherencia en el estilo es tal, que termina siendo aparatosa y teatral. Él es, era o será, el hombre que quería ser.

El Poeta, descrito por Jorge Edwards era un personaje que no vacilaba al ser quien era; era un sujeto determinado y de presencia escandalosa. Su descuidado vestir y sus petulantes maneras, son la armadura de un hombre de carácter más bien excesivamente sensible y además una certera visión y una observación selectiva y delicada como la de un buen artista. Si el Enrique Lihn de la vida real no se comportaba como el de esta historia, verdaderamente me tiene sin cuidado, el Poeta en esta novela posee el crepitar digno de cualquier personalidad importante existente, incluyendo al poeta verdadero, autor de La Pieza Oscura.

 

Fotografía de Cristina Coral.

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