el fashion film
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Conversación en La Catedral: serie de recuerdos de un pasado colectivo infortunado

Fotografía: Christopher Andersen. Magnum Photos.

Fotografía: Christopher Andersen. Magnum Photos.

“Piensa: veintitrés, veinticuatro, veinticinco años. Recuerdos que reventaban como esos globos de chicle que hacía la Tete”.

Conversación en La Catedral es una novela con el tema de la política peruana tejido en la superficie. Se aprecia la sucia realidad de la corrupción desde dentro, desde las salas de las manos derechas de los políticos, donde se respira whisky caro y tabaco en lugar de oxígeno, pero sobretodo, hediondas de debilidades hechas patrañas que se vuelven marcas indelebles en los espíritus de su entorno. Santiago Zavala es el hijo de un Odriísta: Don Fermín. Años después de la muerte de su padre, el muchacho quiere confirmar rumores que se crearon entorno al mismo en tiempos de una política complicada y oscura. Así es como nos vemos, desde una primera descripción, envueltos y sin poder escapar de una ola de diálogos que transportan a toda velocidad entre épocas y espacios diversos para ilustrarnos el pasado y las verdades de personajes que se vinculan sin ningún remedio por circunstancias diversas, cuyo punto de sutura son los conflictos políticos.

La historia es narrada como una marea de quiebres de tiempo y espacio que se suceden unos a otros y que en determinadas oportunidades, se dividen por capítulos y en otras, simplemente por párrafos, o incluso líneas. Una pregunta realizada por unos políticos en una oficina, en ocasiones es sucedida por una respuesta desligada, en otro momento, emitida por algún miembro de la familia de Don Fermín, en la sala de su casa. De esta forma, en todo momento estamos siguiendo una línea incierta que nos prende enseguida, sin duda. La composición es una incansable marea de emociones, suspenso e intrigas que se suceden unas a las otras de forma progresiva y violenta, obligándonos a crear empatía con todos los personajes, como ocurriría con una historia plagada de personas, en lugar de personajes.

La estructura se despliega como una especie de espiral, con clímax que se reparten por toda la historia. Ninguna situación ocurre de manera excesivamente sorpresiva, ya que el narrador nos destapa sentimientos y sucesos de forma natural y equitativa, permitiéndonos así imaginar y sorprendernos sin dejar espacio a extensos sentimentalismos y empujándonos a desear que los personajes puedan resolver en algún momento todas sus incógnitas e infortunios.  El contexto político no se limita a ser una ambientación, sino todo lo contrario. Esta es una historia que nos ilustra a partir del poder, los padecimientos humanos y los diferentes tipos de ambición, según la circunstancias en las que se vea envuelto cada individuo. Queda muy claro por qué es la obra, de su propia autoría, que Vargas Llosa salvaría del fuego, ya que se trata de un trabajo literario excepcional.

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