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POEMAS de Eva Tizzani
4 noviembre, 2016

Diego García (Hotel): «Hay que sufrir todos los dolores»

Imagen: Diego García fotografiado por Claudia De Lima

Imagen: Diego García fotografiado por Claudia De Lima

Mérida, Venezuela. Salí a cenar con mi madre una noche de lluvia a un bar muy concurrido en mi ciudad natal. Recuerdo que antes de entrar al establecimiento observamos la figura delgada e introspectiva de un joven, hace falta decir que no estaba fumando, porque en esa ciudad pocos salen exclusivamente a respirar; la mayoría va afuera a fumarse un cigarrillo. Más tarde, ya dentro del local, vimos subir a la pequeña tarima al joven pensativo de afuera, con su guitarra, y lo oímos recitar una canción… ¿De amor? Fue a partir de entonces que la calma y la gravedad de Hotel se ubicó imponente en mi repertorio musical más estimado, pero se mantuvo como un mero recuerdo por un tiempo; fue en Buenos Aires, meses después, navegando en Internet, que me topé con el Bandcamp de Paisajismo Nocturno. Cuando accedí a este material, presa de la nostalgia y la inquietud que produce el amor, me convencí a mí misma de que estaba ante una de las obras musicales más ricas y expresivas de mi generación.

Ya no puedo prescindir de la belleza y la poesía de Paisajismo Nocturno, disco en el que me zambullo cuando me duele la casa y el corazón a niveles intensos, con la seguridad de encontrar complicidad y perspectiva en las piezas que lo conforman. Tiempo después escribí a Diego García solicitándole que respondiera a unas preguntas. Dichas preguntas, dispuestas en esta vaga entrevista, no guardan intereses particulares, sólo representan el deseo de hurgar en el pensamiento prosaico de un autor que se proyecta lumínico y ascendente en sí mismo, despertando emociones. Cuando leo las respuestas de Diego veo al muchacho sin nombre afuera del bar, con la cara semi oculta entre la melena, ¿Tendrá ahora esa mirada que ve hacia dentro, no hacia afuera? Es curioso cómo Internet conecta y al mismo tiempo supone una marca imborrable de la dificultad de encuentro físico, de la misma forma que lo hace la música. Ahora mismo me separa de Diego una distancia física de más de 4000 km que parecen ser nada cuando se puede aún hacer preguntas y recibir respuestas en una fracción de tiempo mínima. Sus grabaciones, por su parte,  también se encuentran a sólo unos cuantos clicks.

¿Sientes que has sufrido muchas derrotas? ¿La poesía y la música son una manera de exhibir esas derrotas como lo hacen los personajes de tus letras?

Las mismas derrotas y victorias de cualquier otra persona. Bueno, quizás sí fui un gran aficionado a ellas en mi segunda o tercera juventud (voy por la quinta, y soy un niño), cuando rodar por el suelo parecía la única cosa que valía la pena hacer. Siento que se romantiza demasiado este aspecto del hombre y su sufrimiento. Veo toda la experiencia humana como un bloque de mármol que no podemos romper. La risa incontrolable y las laceraciones existen juntas en las vetas de ese bloque. No creo en la tristeza ni en la derrota como vehículo poético. La vida, la poesía y la música son la misma cosa. Mucha gente que me conoce me tacha de extremista, y supongo que lo soy. Hay que sufrir todos los dolores. La música más hermosa que he escuchado en mi vida es extremadamente privada e irreproducible.

Hay muchos lugares en tus letras, ¿En qué lugares te gusta escribir y pensar?

Si me hubieses preguntado eso hace un año mi respuesta habría sido muy diferente. Por mucha parte de mi segunda o tercera juventud era feliz únicamente en algún lugar desconocido, en algún ENCAVA ridículamente frío, rugiendo en la oscuridad y buscando una ciudad anónima y lejana. En cualquier avión adormilado sobrevolando puntitos de luz. Fumaba en las gasolineras, dormía en los sofás de amigos indeciblemente generosos, iba sin dinero y sin rumbo a cualquier y todas partes, escribía en los márgenes de otros libros. Echaba a la basura pequeños ejércitos de canciones y poemas a diario. En contraste, estos días leo y escribo y pinto en el mismo lugar, un lugar cálido y enroscado al pie de algunas montañas. Planto semillas que salen de la tierra. Cocino. Duermo.

Eso dicho, alguna parte de mi alma sigue aquerenciada a esa carretera eterna y el disco que estoy preparando es consecuencia directa de todas esas noches, mañanas y tardes pasadas queriendo morder el horizonte.

¿Las mujeres te duelen o te sosiegan?

Me duelen y después me sosiegan y después me vuelven a doler. Aunque sinceramente es injusto decirlo así, pues actualmente y desde hace un tiempo considerable, solo existe una mujer para mí. Una mujer que si se sienta en cualquier lugar lo vuelve de golpe y sin sentimentalismos mi patria. Si, por ejemplo, se quita el vestido y lo cuelga de una percha en la pared, yo canto un himno inventado.

¿Si te cortáramos y te pegáramos luego en otro país qué crees que pasaría?

Absolutamente nada, realmente. Me gustan los idiomas, así que creo que aprendería a comunicarme y terminaría haciendo lo mismo que hago en Venezuela, que en opinión de muchos compañeros músicos es dejar pasar las oportunidades y enredarme demasiado con todo.

¿Te gusta transformar en canciones lo que no puedes manejar? ¿Crees que el arte nace a partir de deseos que no puedes cumplir de otra manera?

No. No. No. Siempre he creído que se tiene que escribir directamente sobre lo que se conoce. Para ello hay que excavar. Ahondar. No creo en las fantasías, aunque recientemente escribí una canción sobre un ave gigante que se posa sobre un hombre, se alimenta de él y luego se aleja volando. Tiene dos nombres, no me decido aún por cuál, “Troncal 7” o “Dos cuartetos blancos”. Por muy incoherente que parezca, conozco al hombre, y conozco al ave y conozco la carretera y el cielo que el tipo ve cuando su atacante se aleja. He sido el hombre, la carretera y el cielo. Si cierro los ojos siento la boca del ave y su aliento. Sí, boca. Es como Tiziano, a primera vista sus cuadros parecen ensoñaciones, pero si te detienes a mirar la carne de Diana la cazadora o de alguna ninfa, ves lo verdadera que es y las manchas y várices, los pliegues y la grasa.

Hay un evidente homenaje a Simón Díaz. ¿Qué otros autores, en general, te inspiran como él? Y, ¿de qué manera usas esas influencias en tu música?

Hesnor Rivera, especialmente sus sonetos. Ramos Sucre (como a todas las personas de mi generación que intentan escribir), Juan Rulfo. Rimbaud. Hace poco alguien me regaló, entre una botella de miche y una conversación sobre poesía (ambas cosas muy extrañas en mi situación actual, ya que desde hace más de un año soy prácticamente abstemio y de poesía no me gusta hablar porque termino revirtiéndome al muchacho que se entraba a golpes con todo el mundo), un libro de Raúl Zurita que he leído un montón de veces. Mi único regalo de cumpleaños del año pasado me lo dio la muchacha de miel, que flota por la casa todo el día y rompe cada uno de mis huesos cuando dice mi nombre, la de la patria y los vestidos, y fue la obra completa de Vicente Gerbasi. Me cambió la vida. Hay más, pero no terminaría nunca de escribir.

¿Crees que el amor es doloroso o placentero? Y, ¿crees que es posible definirlo?

Indefinible. Todo el pensamiento humano se ha tratado de eso, de la vida, el amor y la muerte. Con el amor ahí en medio, puente, nexo, separación, como quieras verlo.

¿Crees que tus composiciones son egoístas? ¿O estas tienen destinatario desde el momento en que son concebidas?

Nunca pienso en mis composiciones. Solo puedo tolerar lo que acabo de escribir.

¿En qué circunstancias te has sentido amenazado por la modernidad?

Nunca, jamás. El mundo es un lugar extraño y expansivo, suspendido en el futuro, el presente y el pasado de forma simultánea. Suena imposible, pero así lo creo. No tenemos edad, y al mismo tiempo somos efímeros. Eternos. Insignificantes. Sería una tontería hablar de sentirse amenazado por un concepto. Existir es un milagro en tantos niveles que deberíamos estar en perpetuo estado de éxtasis, pero no es así. Podríamos hablar de esto hasta pudrirnos en nuestras respectivas sillas.

¿Qué son para ti la biblia y la religión? ¿De qué manera influyen en tu obra?

Fenómenos increíblemente nutritivos, desde infinitos puntos de vista. Para mí, es como una enciclopedia del pensamiento humano hasta cierto momento histórico. Las religiones, los ritos, las costumbres, son un auto-retrato de los hombres que sintieron necesario tenerlos. Creo firmemente que el hombre crea al Dios. Es una especie de ateísmo que al mismo tiempo no lo es. Influyen en mi obra porque fui criado, si no bajo el temor de Dios, sí bajo el yugo general y casi invisible de la iglesia católica. Me bautizaron cuando tenía cinco años. Lo recuerdo muchísimo. La parte en que los padres niegan al diablo me causa, hasta el día de hoy, una impresión tremenda. Mi padrino tuvo que hacer un esfuerzo extra para meterme la cabeza en el agua bendita. Eso me causa, hasta el día de hoy, una risa incontrolable. Las imágenes religiosas son parte muy importante del discurso de cualquier persona que haya crecido bajo su influencia.

Ir al Bandcamp de Paisajismo Nocturno

Fotografía de Claudia De Lima

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