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¿El amor duele? Algo de ‘Love’ de Gaspar Noé

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Yo no soy psicoanalista y estoy muy lejos de serlo, pero creo que todos aquellos que sean ávidos observadores se pueden adentrar a las ramas del psicoanálisis con confianza. Al fin y al cabo, todos somos humanos, aquí nadie sabe lo que hace, y por otro lado, también somos lectores y somos, sobretodo, cráneos libres. Como me dijo un nuevo amigo artista: “nuestra cabeza es un radio prendido que cambia de emisora en nuestra boca y sin consentimiento”. Y para hablar de actitudes y experiencias todos somos aptos, pues sólo basta vivir para tener una noción siempre distinta e individual de lo que significa estar vivo, y en consecuencia, amar.

Me pasaba que no soportaba a Noé, no tanto por sus obras sino más bien por la gente a la que mueve (y la forma en que los mueve), y tengo que mencionar que de hecho Enter the Void se me representó como una tediosa repetición constante, de la misma ya clara premisa, hacia el final de la película. Tenía toda la predisposición a experimentar lo mismo con Love, de hecho ni siquiera estaba en mis planes verla, hasta que tuve una de estas conversaciones sobre cine con unos amigos quienes, espoileándome la película me convencieron de darle una oportunidad. Así fue como conseguí que me la prestaran y caí en el terrible desgaste que representó para mí esta historia en particular. No sólo es un desgaste; esta película es una celda de la que las emociones se te desbordan a través de los barrotes como si se tratase de vómito contenido hasta el límite. Si han amado, no la vea. O mejor dicho, sí. Pero están advertidos. No puedo decirles si el amor duele, pero esta película definitivamente lo hace; duele, te desgarra.

Tengo que decir que la vi en dos partes por cuestión de tiempo. En el intermedio me hice un juicio sobre la película que cambió gradualmente al completar la segunda parte de la misma. Me agotaba tener que identificarme con personajes tan complicados y atormentados, pasé noches recordando escenas de la película que no eran precisamente las sexuales, de hecho, la que usé de portada para esta entrada, es una de las que se me clavó con la mayor violencia. Le escribí a mi novio instándolo a no ver la película y minutos más tarde le exigí verla. Tenía miedo. Para mí la experiencia fue la de una película de terror de esas que verdaderamente dan en el corazón. Definitivamente la clasificaría como Thriller romántico, relacionándola con todo aquello que ya he mencionado acerca de “remover” las entrañas y las historias de miedo. Pero independientemente de esas opiniones o apreciaciones, esta es definitivamente una película que en particular,  no voy a olvidar. Me va a acompañar de por vida, a pesar de que no quisiera estar envuelta en una relación como la de Murphy y Electra. Y por cierto, qué nombres tan intensos.

Por otra parte, es bien sabido que no todos sentimos las mismas cosas, aún así no dejo de pensar que esta historia conmovería a cualquiera, por no hablar de las molestias que también me hizo pasar y, de hecho, muy poca incomodidad, aún tratándose de una película con escenas sexuales bien explícitas. A este respecto puedo decir que si lo que Noé quería era hacerme sentir cercana al sexo que ahí se muestra, lo logra, aunque por supuesto, quienes la vean, o ya la hayan visto entenderán a lo que me refiero: la mayor incomodidad en esta película es otra, y estoy tan convencida de ello que casi, casi, la vería con mi padre.

 

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