Claudiadelima
Claudia de Lima, la obra de arte
22 septiembre, 2015
Una fiesta con Stalin, Kalinin y Jrushchov
15 octubre, 2015

Fenómenos de luna del 27/09

A nearly total lunar eclipse is seen as the full moon is shadowed by the Earth on the arrival of the winter solstice, Tuesday, December 21, 2010 in Arlington, VA.  From beginning to end, the eclipse will last about three hours and twenty-eight minutes.  Photo Credit: (NASA/Bill Ingalls)

A nearly total lunar eclipse is seen as the full moon is shadowed by the Earth on the arrival of the winter solstice, Tuesday, December 21, 2010 in Arlington, VA. From beginning to end, the eclipse will last about three hours and twenty-eight minutes. Photo Credit: (NASA/Bill Ingalls)

Hace rato que he querido mencionar a Carl Sagan en alguna de mis publicaciones. El astrónomo, ya fallecido, es uno de mis escritores y sujetos de estudio preferidos. Su misión principal era dar acceso a la ciencia al público general, sin importar educación o nivel social, de manera que el humano se hiciera consciente de la magnitud del universo, todo esto como una invitación a adquirir valores de supervivencia de la especie y la inclusión de otras. El eclipse de este domingo me hizo ineludible pensar en el trabajo de hombres como Sagan, de manera que hablar un poco de lo visto el fin de semana quizás me sirva para comunicar un sentimiento que tengo en común con el escritor de Cosmos. Debo admitir que en lo que llevo de vida, esta es la primera vez que logro apreciar uno de los eventos acaecidos con la luna en las últimas décadas. Así que no sólo observé sino que también me propuse apreciar y tratar de entender lo más a fondo posible el proceso. A continuación trataré de describir un poco lo percibido desde mi casa en Mérida, Venezuela.

Estuve desde las 7:00 pm recibiendo una visión directa de la luna llena asomándose febril por el horizonte del este. Caprichosa brillaba en su ubicación casi perpendicular, custodiada a penas por unas cuantas nubes ligeras y penosamente coloreadas que acompañaron al satélite durante una hora aproximadamente, que fue cuando comenzaron a hacer la retirada. Estaban aparentemente decididas a no robar más protagonismo, de manera que no regresaron nunca más en todo el evento. Así siguió desfilando a lo largo del cielo la luna dorada, sin prisa, pero sin pausa. Entonces se comenzó a producir la alineación entre Sol, tierra y luna, que es lo que conocemos como un eclipse de luna, en el que, daba la impresión de que se inyectaba al satélite de una sustancia negra. Esto ocurrió a las 8:30 pm en Venezuela, como habían predicho los expertos.

La luna violada y quemada, semejaba impavidez: me fue realmente casi imposible no atribuirle carácter, puesto que parecía estar viva. Entre muchas cosas que me pasaron por la cabeza, estuvo la idea de enanez que tampoco pude evadir; mi perspectiva del evento, aunque quisiera que fuera lo contrario, era por supuesto terrestre a niveles espantosos. Me sentí incluso ridícula tratando de imaginar la magnitud de lo que verdaderamente ocurría ahí fuera, que aunque parecía que tan sólo unas capas de elementos químicos, traslúcidas e “insignificantes” en cuanto a visión, nos separaban del vasto e intimidante espacio donde estamos ubicados como planeta, y donde colosales masas bailaban, permitiéndonos por la distancia, observar una cosa distinta, a escalas millones de veces más reducidas. Todo esto sin contar lo pequeño que era aquello, en su tamaño normal, comparado con el resto de las cosas que hay afuera.

9:20 la luna preñada y naranja, como una bola de “Corn Pops”, me dio la ilusión de verse menos plana que de costumbre (cuando es blanca), imagino que se debía al rebote de luz. El cielo se encontraba tan despejado que parecía que la atmósfera se había también transparentado, y la lluvia de estrellas que ahora le hacía cortejo al eclipse, era el perfecto complemento, digno de admiración y alabanza (sin intención de sonar hippie) y para mí, era una despiadada humillación de los astros hacia nosotros los humanos, aquí indefensos e impresionados. Todo un recordatorio del escaso valor de la humanidad en medio del universo. Estrellas fugaces desfilaban aquí y allá; era la fiesta del eclipse, de la luna Sangrante, de la Superluna. El baile de promoción del sistema solar, un triángulo amoroso, una discusión diplomática, una obra de arte de manos del infinito. Así me mantuve apreciando el espectáculo de la luna colorada y presumida hasta las 11:00 pm que fue cuando comenzó a invertirse el hechizo, llevándonos a los espectadores a visualizar finalmente con asombro, a las 12:00 pm, una luna un poco más blanca y lumínica de lo usual. En lo referente al tamaño, me parece que la he visto mucho más cercana, y por ende más grande, otras veces, sin embargo no dejó de ser impresionante. Sin duda un acontecimiento digno de observación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *