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Lo extraordinario del ser humano

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El ser humano es complejo de muchas formas. Posee tantos aspectos tanto innatos como externos que en cada persona se manifiestan de maneras distintas, que todos resultamos ser únicos, como rezaría una vulgar cita en un libro de auto ayuda. Alguna vez le hablaba a un amigo haciendo alusión a que el perfil del asesino responde más al entorno al que ha sido expuesto durante toda su vida que algún tipo de condición biológica. Mi amigo creía, por el contrario, que este tipo de actos eran exclusivos de una especie de herencia genética. El género humano con sus virtudes y carácter se trata más bien de una combinación de ambos elementos -biológico y externo-. Sin querer profundizar demasiado en el tema científico, puesto que no es mi área, les traigo en este artículo el por qué de mi preferencia por las humanidades, y en especial, por la literatura: La complejidad del ser humano y su cosmovisión.

Mi profesora Danielle Triay afirmó una vez, citando a algún autor que no puedo recordar ahora, que la literatura es la mejor forma de psicoanálisis. Y esto es verídico, puesto que la literatura es esencialmente el sumo de un carácter que se expresa, y aunque, el autor muestre lo que quiere, o pretenda ilustrar a un tercero en su narración, su eidos se queda pegado como un chicle en toda la narrativa. Los temas que expone, la historia y el tono que emplea, son a penas algunos de los aspectos que nos conectan a la personalidad o espíritu del escritor de una obra literaria, o de alguno de sus personajes, sin ir demasiado lejos. Por ende, cada narración es un mundo que aloja al menos a un ente construido con casi toda la complejidad del ser humano y es además de alguna forma, el reflejo del escritor.

El mundo está lleno de historias sencillas, evidentemente. Existen los súper héroes, quienes básicamente son hombres y mujeres que crecieron huérfanos debido a que algún factor no natural los separó de sus padres, lo que los lleva a querer salvar la vida del resto de los seres humanos. Eso está muy bien, pero existen cientos de historias que siguen patrones idénticos y sin embargo, ciertas variaciones han logrado enamorarme. De cualquier forma, en mi lengua, les llamo súper humanos a aquellos que, sin pretender salvar a nadie afrontan problemas internos con la fuerza de un súper héroe. En Rayuela, por ejemplo, Horacio se enfrenta a su propia inconformidad con el mundo y al amor que siente por una mujer mundana, entre otras cosas, como en una batalla contra sí mismo y su dificultad para encontrar más simples algunas cosas. Caso similar al de Harry Haller, en El Lobo Estepario quien, por su parte y en definitiva, no encuentra sosiego alguno en el mundo en el que habita.

Así se despliegan por toda la literatura cantidades de bestias que, bajo el traje y nombre de “humanos”, nos evocan, envolviéndonos en el sentimiento de fascinación, lo extraordinario que es el ser que camina en dos piernas sobre el planeta tierra, con todos los demonios que habitan en sus cerebros. Yo no puedo decir que me siento identificada con ellos, mucho menos con “todos ellos”, pero nos une la condición de humanidad y eso me basta. Por esa razón prefiero la literatura antes que otro tipo de narración. La exposición densa y detallada de eventos y emociones, la calidez de ubicarse o ser ubicado casi dentro de la cabeza de otra persona. Y no cualquier escritor sabe llevar esto a cabo de la forma correcta. Hemingway, por ejemplo, lo hizo muy bien en toda su obra, mostrando siempre historias desde un punto de vista objetivo, entre comillas, dio a conocer cientos de características propias del humano y dignas de conmoción y arrebato. De la misma forma, su propio carácter de alguna manera se dejaba entrever -y es por esto que digo entre comillas al mencionar la palabra objetivo-, debido al enfoque recurrente en sus historias.

Evidentemente la propia realidad es la causa de muchas maravillas, a mi parecer, incluso más que la fantasía. Muy bien decía Carl Sagan que el universo era mucho más fascinante que la ciencia ficción; la segunda lo llevó a la primera, es cierto, y así nos pasa a muchos. Y es que la vida muchas veces es nadar mucho para morir en la orilla. De todas formas, mi amigo, al que mencioné en el primer párrafo, prefiere las historias fantásticas. Él y yo somos distintos, somos humanos, nacimos y crecimos en entornos diferentes, y eso me encanta. Es eso lo que me encanta.

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