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María Solías y ese poco de mujeres que lloran color

María Solías arte

Lo poco que conozco de esta vida, lo conozco por Internet (y a medias). Hace unos días se celebraba el aniversario de la universidad donde estudié, y alguno de mis amigos de facebook compartió una graciosa ilustración de un perrito astronauta, que es la mascota de la institución. La imagen estaba acompañada por un mensaje que rezaba algo como “231 años expandiendo tu universo”. Yo detesto mi enfermiza necesidad de exponer siempre mi opinión, pero tuve que comentar en la publicación que mi universo lo había expandido el Internet. Y es verdad, aunque también he dicho lo mucho que me aterra. Hoy quiero hablar de una artista que, claramente descubrí por esta vía. Hace ya algo de tiempo que sigo su trabajo, pero esto de hablar de artistas locales me da un poco de pánico, y no quiero que se piense que los uso para mi beneficio ya que este es un blog de mera pasión. Ahora sólo me queda esperar que no sea demasiado tarde para escribir algo que no hayan escrito anteriormente acerca de María Solías.

El arte de María Solías se trata básicamente de un poco de mujeres lloronas, de muy particular apariencia y hermosos rasgos exóticos, que se me presentan, sin poder evitarlo, como el idílico reflejo de esa delicada realidad de permitirse sentir demasiado; son personajes cuyos pechos convulsos se desahogan en rostros deformados en un profundo sentir: expresiones de tristeza, soledad o extrema alegría inundan con grácil brillo los rostros de las mujeres creadas por la artista. Con respecto al título de artista, sí, María lo lleva por encima del de estudiante de arte, pero esta mujer parece ser, además de talentosa, extremadamente humilde. Sin embargo, lo poco que pueda yo decir de su persona, lo haría basándome en otras notas o entrevistas que he leído por ahí. Volviendo al verdadero tema de esta publicación, Solías es ya una personalidad formada: su arte tiene vida propia, y su propio corazón palpita en cada una de sus obras.

En cuanto al arte no sé ser objetiva, ya que lo miro como a un sentir. El arte es una expresión acompañada de técnica y destreza pero el observador, excluyendo a otros artistas plásticos, debería limitarse a amarla o rechazarla. A este punto ya quedó claro que me encanta el sentir de Solías, quien en sus manos parece acariciar cada una de sus emociones como el chef que amasa una exquisita creación culinaria. Dejaré ahora de lado a los personajes de las pinturas y el sentimiento que reflejan, para agregar que sus pinturas son además, estéticamente, una fiesta de tenues colores que resulta verdaderamente placentera y le proporciona tranquilidad a mi sensibilísimo ser. El resultado de estas obras es, sin duda, una melancólica y hermosa experiencia. Si iniciara esa colección de arte que siempre he soñado tener en mi casa, definitivamente me gustaría que abriera con un Solías.

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