A nearly total lunar eclipse is seen as the full moon is shadowed by the Earth on the arrival of the winter solstice, Tuesday, December 21, 2010 in Arlington, VA.  From beginning to end, the eclipse will last about three hours and twenty-eight minutes.  Photo Credit: (NASA/Bill Ingalls)
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Una fiesta con Stalin, Kalinin y Jrushchov

Hay novelas que me desprenden totalmente de la realidad en la que vivo porque, además de transportarme a otras culturas, entre otras cosas, me proporcionan ambientes alternativos en los que parece que pudiera estar yo, de alguna manera. Cuantas veces he sentido que me encuentro rodeada de la gente equivocada y que me bastaría un solo personaje de estas ficciones para estar contenta, aunque, vaya que tengo personajes de los que puedo maravillarme en la vida real y en mi propio contexto. La Fiesta de La Insignificancia, es una de esas historias en las que, sumergida y confiada, me encuentro de frente con las verdades más evidentes: en este caso, la tontería que implica la existencia humana. Aquí, la reflexión, la duda y la cultura que comúnmente hacen a un ser más profundo y significativo, son justamente las características que los desnudan ante la estupidez de ser alguien. Me recuerda también al sentimiento que tuve cuando vi La Grande Bellezza, y es que justamente de eso se trata: de la resignación a lo mundano.

Y en esta fiesta hay amigos (y no tan amigos) de todos los tipos. Están los que, conscientes del valor que tiene encontrarle la gracia a la vida que llevan, se regocijan en su propio comportamiento burlón frente a todo; y están también aquellos que se aferran a la seriedad de las nimiedades que con tanto empeño se proponen: aquéllas de las que se formó su propia personalidad. Ésta es de esas novelas en las que uno se ve, y ve a al menos uno de sus conocidos y entre tantas sonrisas, se le salen a uno las lágrimas, o de tanta conmoción termina uno entregándose a la risa irremediable. Y no se trata de una disociación afectiva sino que, uno se hace consciente de lo graciosa que puede ser la propia tristeza.

Hablando de aquello de obsesionarse con un personaje con el que uno jamás va a relacionarse, Charles, uno de los personajes de la novela, fascinado con una anécdota de Stalin, sacada de las Memorias de Jrushchov, y con la forma que éste tenía de satirizar a sus colaboradores, en especial a Kalinin, conduce también a sus amigos a reflexionar acerca del humor y el comportamiento de aquél sujeto que es recordado como uno de los personajes más crueles de la historia, llevándolos sin pensarlo, a compararse ellos mismos con él. Finalmente según mi perspectiva, más que de la insignificancia, toda la novela se trata de la voluntad: lo que podemos y lo que no podemos elegir.

Esta fiesta, en la que conversan y beben juntas todas las insignificancias individuales, me llevó a un único punto en el que queda totalmente expuesta la inutilidad de la voluntad y que, no sólo no elegimos acerca de las cosas más importantes sino que además sólo nos queda para elegir lo que menos importa. Y es ahí donde encuentro la fascinación en este libro, porque, cuanto más nos empujamos hacia el génesis y nos hacemos las reflexiones más densas, más nos entregamos apasionados a los detalles más mínimos, para evitar la desesperación en medio de un mundo inexplicable. Es por eso que la insignificancia es una fiesta: es la reunión de todos los problemas llevados hasta sus más pueriles escapatorias.

Por otro lado, el placer de encontrarse a uno mismo reflejado en los otros, como le ocurría al personaje de D'Ardelo, y además sentir un placer inexplicable en ello, es uno de los aspectos humanos más conmovedores con los que pudo satisfacerme la novela de Kundera. El origen y la decepción, así como la amistad y la antipatía, son temas que se vislumbran también en esta fiesta de personalidades en la que se demuestra que la voluntad del conocimiento representa un ciclo en el que, después de la verdad, el ser humano se refugia en las seudociencias y se resigna a acomodarse en las insignificancias de la existencia. De cualquier forma, humanos, no duden en asistir a La Fiesta de la Insignificancia, la última novela del autor checo Milan Kundera.

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